La vacuna contra la segregación

Despedir este año es fácil, ha sido horrible en todos los sentidos. Un año difícil de olvidar por tantas y tantas cosas, un año caótico lleno de esperas, de test, de muertes, de dolor, de desempleados, de miedo, de soledad, de historia. Sí, porque pasará a la historia y todos lo recordaremos como lo que ha sido y la experiencia de cada uno nos marcará para siempre.

Yo quiero recalcar cuando en plena pandemia nos llegó la noticia de que un chico con síndrome de Down no era ingresado en UCI por su corta esperanza de vida o cuando morían en residencias miles de personas o cuando eran cerrados en Psquiatricos y no eran atendidos adecuadamente…

Quiero mencionar a mis compañeros del hospital y residencias donde he trabajado años, a las cajeras de supermercados, al personal de limpieza, a todos esos trabajadores esenciales y no tan esenciales que con miedo y terror se han levantado cada mañana, a todas las personas que subían cada día en el metro y tren para llegar a su puesto de trabajo.

No quiero olvidar a las personas que ya no están con nosotros, a mi amigo Jose, a los padres de una amiga que murieron en el mismo mes por no tener acceso a un respirador, a todas las personas que encontraron sin vida en sus casas, solas. Los cementerios y tanatorios vacíos de acompañamiento, familias rotas, sin abrazos, sin consuelo, buscando a sus familiares ya fallecidos, el Palacio de hielo, el hospital de campaña, ola tras ola sin respiro, la FFP 2, la mascarilla sin filtro, los colegios cerrados, la tecnología a flote, la discriminación destapada, las clases obreras, etc, etc, etc

Un año difícil, claro está, somos humanos.

Se acerca otro año, parece que esperanzador con la vacuna contra la COVID19 y la inmunidad de rebaño…se acerca el fin, eso parece y con estas palabras, en este pequeño espacio, quiero recordar que para muchas personas seguirá siendo horrible. Muchos niños seguirán siendo discriminados en colegios públicos financiados con fondos públicos, muchas personas seguirán siendo discriminadas por una sociedad que no entiende ni quiere entender las diferencias llena de barreras, de capacitismo, de exclusión.

Yo pido para este nuevo año una vacuna contra eso, algo que nos haga tener un poco de esperanza, leyes que sirvan y cumplan los derechos humanos, reconocimiento, visibilidad, una ley que no deje morir a nadie socialmente, un cartel bien grande que diga: » También somos personas y nos tratan como basura, como si no sirvieramos para nada, con nulas expectativas sobre nosotros, sin dignidad y con una fuerte dosis de pena» y aunque esto le parezca fuerte a los que lo lean, es así. Déjenme que les diga que estoy de luto por la muerte social de mi hija con 12 años y que la culpa no es de que tenga autismo. Saquen sus propias conclusiones.

En este dibujo ella dice que son sus amigos pero en realidad no tiene ni un solo amigo. No puedo olvidar aquella frase de mi amiga Carmen Saavedra que decía: «Si separas en la escuela, separas para la vida entera»

Que nadie se olvide de hacer esa vacuna en contra del dolor y sufrimiento que año tras año viven en sus propias carnes miles de personas y sus familias con diversidad funcional porque lo que está claro es que es urgente.

Feliz año, ojalá algún día los dibujos de Lucía cobren vida.

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