Gracias, Lucía

Cada año que pasaban por casa los Reyes Magos era más agridulce, nos íbamos de la mano a ver los regalos pero nunca parecía gustarnos demasiado, era difícil que sus majestades acertaran de lleno en esos regalos. No parecía importarnos demasiado o eso creíamos los de alrededor…
No era cierto, nos importaba tanto como a los demás pero no teníamos la capacidad de demostrarlo o quizás nuestros intereses restringidos hacían su trabajo.
Todo ha cambiado, llevamos días esperando a estos señores de oriente, nos emociona la cabalgata y hasta queremos «juegos artifizales».

Es curioso…hacemos juicio de lo que no tenemos ni idea y además nos lo creemos. Tanto mérito tenía antes como ahora, no es mejor ni peor.
Gracias por enseñarnos tanto, Lucía.

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