El mar infinito

Acabábamos de llegar, corriendo te quitas el vestido y te dispones a alcanzar aquel barco que se ve a lo lejos.
«Barquito», decías…
Mientras, nosotros en la arena mirándote con atención y papá y Marcos terminando con la crema y decididos a irse contido.
Me siento en mi toalla, me quito mi vestido, saco mi libro y leo algunos renglones mientras me fumo un cigarro. Alzo la cabeza y te veo mirar hacía atrás continuamente. Al rato te das la vuelta, vienes hacía la orilla, vas cogiendo piedras con tus gafas de buceo nuevas y recorres toda la arena caliente llena de niños jugando al tenis, de abuelos con su cerveza, de chicas y chicos hasta llegar a mí.
Te detienes, me miras, no dices nada…
Pienso que quieres algo pero no sé bien qué, te pregunto varias veces y al final me coges la mano, estiras para que me levante y mientras me dices «barquito» me vas llevando hacía ese mar infinito y ese barquito mágico que tú dibujas tan bien.

Pronto volveremos a verlo y lo alcanzaremos. Te quiero mucho, Lucía. Siempre contigo.

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